Tras valorar mil opciones de compra con la idea de conseguir una vivienda más grande y cómoda, finalmente decidieron quedarse con la que había sido su hogar hasta ahora y sacarle el máximo partido para hacerla verdaderamente suya.

La vivienda era pequeña: contaba con dos habitaciones, un baño, cocina, salón y una maravillosa terraza, además de un patio de uso comunitario. La terraza prácticamente era una extensión del interior.

Decidimos repensar por completo el diseño, centrándonos en sus nuevas necesidades. Querían un espacio común, abierto, donde poder compartir momentos y tiempo juntos. Esta elección, además, aportó amplitud y luminosidad a la vivienda.

Optamos por conservar el suelo de pinotea; simplemente lo tratamos con barnices al agua y lo cuidamos con esmero.

Las habitaciones eran muy grandes en comparación con el salón y la cocina, así que decidimos reducirlas ligeramente para ceder más espacio a la zona de día.

Diseñamos y fabricamos mobiliario a medida junto con nuestros carpinteros de confianza, aprovechando cada centímetro y dotando la casa de mucho almacenamiento.

Nos apetecía introducir un toque de color que reflejara la personalidad alegre y desenfadada de los propietarios. Pero, dado el tamaño de la casa, no podíamos permitirnos colores que redujeran visualmente el espacio. Por eso, decidimos restaurar los radiadores de hierro fundido existentes y lacarlos en un color mostaza, convirtiéndolos así en protagonistas indiscutibles de la vivienda.

El resultado es una vivienda que, sin crecer en metros, ha sabido expandirse en calidad de vida.

Fotos de: Natalia Michelena

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